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El placer de leer a Bohórquez

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A la estafa social, económica y política más insólita de la historia colonial, Teresa Piossek Prebisch la narró con precisión y maestría allá por 1976. Medio siglo después, “Pedro Bohórquez, El Inca del Tucumán, 1656-1659” recupera actualidad gracias a una nueva edición, publicada por Libros Tucumán. Se trata de un ambicioso proyecto del sello que coordina Constanza Toro, ya que se propone ir reeditando de a poco la obra de la prestigiosa historiadora tucumana.

El verdadero nombre de aquel falso Inca tucumano era Pedro Chamijo, un buscavidas español arribado a tierras americanas a mediados del siglo XVII y pronto convertido en embaucador profesional. Ese engaño, como consigna Piossek Prebisch, se dio por partida triple: a los calchaquíes les mintió que era su rey, descendiente directo de Atahualpa, y que los conduciría a la liberación de los conquistadores europeos; a los españoles no sólo les prometió que mantendría apaciguados a los indios, sino que les proporcionaría la ubicación de riquísimos yacimientos de oro y de plata; y  a los misioneros jesuitas, les dijo que convertiría a los pueblos de la región al catolicismo y que juntos construirían iglesias y colegios.

Claro que los ribetes novelescos -de la trama y del personaje- habrían quedado en lo anecdótico si la aventura de Chamijo/Bohórquez no hubiera conducido al derramamiento de sangre, propio de las Guerras Calchaquíes, en las que el falso Inca fue protagonista.

El volumen forma parte de la colección Ñaupa, de Libros Tucumán, e incluye los prólogos correspondientes a las primeras ediciones: el de Bernardo Canal-Feijóo (1976) y el de Jaime Potenze (1983).

“Tengo el presente ensayo por el aporte más completo y lúcido sobre el tema, que los historiadores no habían considerado hasta hoy con debida atención, y algunos escritores retomaron en páginas más entusiastas que perspicaces -destacaba en su texto Canal-Feijóo-. El lector lo encontrará cabalmente asumido en el presente ‘relato’ que conjuga, con ejemplar habilidad, la estrictez historiográfica y la dosis de imaginación recreadora necesaria para la representación de hechos en que era visible que la historia estaba queriendo volar a leyenda”.

Potenze advirtió: “a la autora la sedujo el protagonista, no exactamente por sus virtudes sino por lo que significa como hecho sociopolítico y psicológico. Con admirable erudición y escrupulosamente atenta a las fuentes y citas, narra la historia de aquél con ese aparente distanciamiento inherente a las biografías, pero sabiendo que las conclusiones que sacará el lector irán mucho más allá de la anécdota. Su minuciosidad se acerca al fanatismo, y no hay cabo que deje suelto. Resolvió investigar y lo hizo con varias lupas. Sin embargo, no se encontrará aquí la aridez que a veces acompaña a la exactitud desmedida, porque la señora Piossek tiene, entre otras dotes, la de saber escribir, al extremo de que quien calificara a este libro de novela histórica no andaría descaminado. Bohórquez existió en la realidad aunque parezca haber sido inventado, pero a veces la verdad desafía a la imaginación”.

Esa erudición que destacaba Potenze quedó reflejada en la vasta obra de Piossek Prebisch, con títulos como “Los Quilmes”, “Los hombres de la entrada”, “Poblar un pueblo”, “La ciudad en Ibatín”, “Las conquistadoras” y “La antropofagia en América de la conquista”, todos de consulta obligada para quienes incursionan en ese fascinante período de nuestro pasado.

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